jueves, 5 de marzo de 2015

¡ Chávez, gracias por existir!



Todos sabíamos que Chávez padecía de una enfermedad poco amable cuyo final suele ser triste, aún así su infinita fe mantuvo despierta la esperanza de que remontaría la muerte. Sin embargo, hoy, dos años después, todavía la realidad muestra a una Venezuela enlutada y a un mundo que acompaña el dolor por el líder que se fue.

Recuerdo que la noticia llegó con el sabor más amargo que pudiera imaginarse, porque ni aún lo esperado del suceso mató la  fé en quienes rogábamos por su salud.

Y sí, lo reconozco, fuimos y somos ignorantes a conciencia cuando nos resistimos ante la realidad, cuando todavía lo vemos convertido en niño, en pueblo, en América; cuando su imagen ondea en banderas multicolores y cuando su espíritu de luchador incansable desnuda la mentira que se empeña en destruir la Venezuela actual y viste de confianza a quienes no se dejan confundir.

Me da por pensar que el mismísimo Dios sintió envidia de él o, mejor, que este lo apreció tan útil a la humanidad que no resistió la necesidad de tenerlo a su lado derecho en la corte celestial. Sí, no tengo la menor duda de que esta fue la razón de su partida aquel cinco de marzo de 2013.

Desde entonces la muerte de Chávez solo sirvió para inmortalizarlo; para esparcir por el mundo ese espíritu de justiciero incansable que le permitió transformar para bien la tierra de Bolívar y le devolvió los sueños a millones de personas.

De ello dan crédito quienes hoy pueden ver y leer gracias a los programas sociales gestados por él o las familias que hasta ayer se hundían en la extrema pobreza por la falta de empleo, la precaria situación de la salud pública y la carencia de recursos para garantizar una alimentación básica.

En Venezuela se recuperaron los recursos naturales y energéticos, y se frenó la fuga de capitales. De allí nacieron ideas tan brillantes como el ALBA, que permitió un intercambió equilibrado entre los países de la región.

La unidad y el patriotismo también fueron muros que levantó la Revolución Bolivariana y que tienen que permanecer erguidos no solo por una cuestión de principios, sino de lógica elemental para evitar el regreso al pasado.

Soy de los que piensan que llorar en una fecha como esta puede ser una necesidad del espíritu para canalizar el dolor dejado por su ausencia física; sin embargo, la realidad invita a dar gracias por haber tenido entre nosotros a un hombre de su estatura moral y de un valor inigualable.

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