Otro NO al bloqueo
Por Mikely Arencibia Pantoja
Durante la jornada de este martes último los países miembros de la Organización de Naciones Unidas condenaron una vez más la política de bloqueo impuesta a Cuba por los Estados Unidos a lo largo de medio siglo.
Sin dudas el voto mayoritario (188 países) que matizó la sesión constituyó un espaldarazo a las permanentes denuncias hechas por el Gobierno cubano en reclamo a que se respete su libre determinación de intercambio en todos los órdenes y sectores de la economía, cultura, ciencias, sociedad...
Y aunque esta victoria no significará el levantamiento inmediato de la ley, es con total seguridad un llamado a la sensatez hecho ahora por un número de naciones cuatro veces superior a las que en 1992 se opusieron por vez primera al bloqueo.
Lo vivido hoy en la ONU testifica con marcada elocuencia el repudio mundial a la sinrazón, el capricho y la arrogancia estadounidenses, cuyos “diplomáticos” no han podido comprar la voluntad de la comunidad internacional pese a las amenazas y el chantaje desplegado sin el menor pudor.
En tal sentido vale realizar un breve análisis sobre los votos que secundaron a los norteamericanos:
En primer lugar se halla Israel, territorio protegido por el imperio al que se le tolera todo tipo de terrorismo y se le ofrece apoyo incondicional. En otras palabras se puede decir que la nación árabe es la niña mimada de la Casa Blanca.
Y la pobre lista de aliados concluye con Palau, un grupo insular localizado en el sector occidental del océano Pacífico que después de la segunda Guerra Mundial pasó a ser dependencia fiduciaria de los EE.UU., luego de que este se apoderara de una base naval establecida allí por Japón.
Creo que sobran los comentarios acerca de la recurrente obediencia.
Es obvio que el apoyo internacional a Cuba solo responde a un asunto de sentido común, tal como puede apreciarse en pocas líneas:
El bloqueo afecta a terceros países cuando le prohíbe a estos la venta a Cuba de productos con más de un diez por ciento de componentes norteamericanos; de igual forma, los barcos que arriban a La Habana no pueden tocar puertos estadounidenses y existe una política dirigida a impedir que la Isla deposite en bancos extranjeros los dólares obtenidos por la prestación de servicios comerciales, limitando el uso de ese dinero en la adquisición de medicinas y alimentos, entre otros insumos.
Considerado como el bloqueo más largo de la historia de la humanidad, las afectaciones de este no tienen fronteras, por lo que también repercuten en sectores tan sensibles como la pediatría.
Basta mencionar que los niños cubanos no pueden beneficiarse con los nuevos inhaladores para las crisis de asma, pues la Casa Blanca les niega ese derecho. Asimismo, la atención a los pequeños con cáncer es una de las áreas más seriamente afectadas debido a que las transnacionales norteamericanas han comprado los laboratorios que tenían contratos con Cuba.
La normalización de las relaciones comerciales, financieras y de intercambio general entre Washington y La Habana es un asunto necesario y demandado por la comunidad internacional, que se ignora sobre la única base de un obstinado capricho político.

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