martes, 12 de febrero de 2013

El beso: misterioso placer

Por Mikely Arencibia Pantoja


Esta mañana mientras observaba a dos jóvenes despidiéndose con un apasionado beso sentí curiosidad acerca del misterioso placer que causa ese acto, pues sucede que en apariencias resulta un hecho simple, sin complicaciones pero que, en esencia, proporciona un éxtasis de indescriptible naturaleza.

Entonces me di a la tarea de investigar sobre esa pasión universalmente extendida y encontré tantas cosas interesantes, que sería egoísta si las reservara solo para mi.

Primero aprendí que la historia está llena de leyendas inspiradas en este tema, como la que escribió Daniel Heinsius (1580–1655) donde afirma que “se puede conquistar con la espada, pero se es conquistado con el beso”.

También supe que su existencia resulta tan dominante, que en 1937 el comisionado de la ciudad de Nueva York prohibió besarse en lugares públicos con el ánimo de frenar la epidemia de Influenza que mató a miles de personas y, sin embargo, su campaña fracasó porque la gente prefirió morir antes de dejar de besar.

Por su parte, un interesante artículo de la doctora Silvia Jiménez (reconocida autoridad médica mundial) contradice la llaneza que algunos le atribuyen a ese gesto. Según ella, besar, más que algo simple, es bien sofisticado.

Está demostrado que el beso deviene método efectivo para analizar científicamente los centros de placer cerebrales, ya que con él las personas mezclan los sentidos del olfato, tacto y sabor con la atracción física y las emociones.

Un beso desencadena una serie de reacciones en el cerebro que empiezan por la liberación de químicos naturales llamados neurotransmisores, los cuales -por ejemplo- aceleran el pulso, relajan los vasos sanguíneos y en el caso de las parejas hacen que estas, además, se concentren en el momento y lo disfruten a plenitud.

Al contacto, los labios envían una tormenta de señales eléctricas que son captadas por la parte del sistema límbico, encargado del control de las emociones, y seguidamente entran en el “juego” varios químicos cerebrales como la epinefrina y dopamina que producen euforia y, a su vez, la liberación de otro neuroquímico llamado acetilcolina que lleva los impulsos nerviosos hasta los músculos.

El resultado de lo anterior provoca tal magia que ante la pregunta: “¿Qué piensa usted que es más íntimo, besar o tener relaciones sexuales?”, formulada por William Cane, autor de varios libros que abordan el tema, la mayoría de los encuestados coincidió en que besar es más íntimo, porque no se besa sensualmente a alguien con el que no se tiene la conexión que llevará a la relación sexual.

Pero lejos de su carácter científico, el beso es desde siempre la manera más elocuente de expresar cariño, respeto, admiración y amor por alguien. Es una forma muy segura y efectiva de decirle a los demás todo lo que sentimos sin tener que pronunciar palabra alguna.

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