martes, 5 de febrero de 2013

El Che y los errores

Por Mikely Arencibia Pantoja

 

“Debemos trabajar por nuestro perfeccionamiento interno como una obsesión casi, como una impulsión constante; cada día analizar, analizar honestamente lo que hemos hecho, corregir nuestros errores y volver a empezar al día siguiente”.

Así pensaba Ernesto Che Guevara sobre la actitud ante los errores, esos deslices que todos los humanos cometemos, pero que no todos somos capaces de reconocerlos y rectificarlos.

Y como el pensamiento de este argentino, cubano y universal hombre siempre es recurrente, vale un vistazo al tema, analizado por él con singular objetividad.

Jamás ninguna sociedad tuvo que espigarse en un entorno tan difícil como el que rodea a la cubana, donde sus ciudadanos están obligados a desarrollarse en medio de presiones externas que, lejos de empequeñecerse, crecen.

En semejante contexto la comisión de errores pudiera justificarse, pero aunque algunos sean justificables, más importante que eso es impedir que el error se repita, decía el Che.

Dejó claro, además, que resulta absurdo concebir que en la construcción socialista no se cometan errores. Sin embargo, planteó que “el ejercicio continuado de la autocrítica hace avanzar al individuo por el promisorio camino de la formación del hombre nuevo”.

El pensamiento de este amigo de todos los que aman la libertad y la justicia, abarcó también el papel educativo que desempeña un correcto ejercicio de la crítica.

En tal sentido, durante su primera reunión nacional de producción al frente del Ministerio de Industrias de Cuba, señaló la necesidad de que “el pueblo sepa exactamente cuáles son los problemas que hay, que no todo es belleza, que no todo es efectividad (...) y que lo único que nos salva es nuestra decisión, cada vez que hay un error, de resolverlo, de nunca tapar los errores y tratar de que no se produzcan más, para alcanzar la meta fundamental de la Revolución, que es la dignificación del hombre”.

Asimismo, llamó a estar siempre atentos y a transformar la lucha contra las equivocaciones en una formidable escuela, forjadora de una nueva moral.

Hoy los razonamientos del Guerrillero Heroico, expresados en ese modo peculiar de ver el presente y avizorar el futuro, aún iluminan el camino escogido por los cubanos. Todavía su alma de rebelde se mantiene en vilo y el diario que nos legó sigue abierto, alimentándose con la historia de cada persona digna.

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