domingo, 27 de octubre de 2013



Camilo de todos

Por Mikely Arencibia Pantoja



Cada 28 de octubre los ríos y mares cubanos se cubren de flores que salen en busca de un carismático y leal hombre de pueblo: Camilo Cienfuegos.

Físicamente desapareció en 1959 cuando el avión en que viajaba desde Camagüey hacia La Habana se precipitó sin dejar rastro alguno, mas su espíritu de luchador incansable está diseminado por los rincones de la Isla, fundido entre la gente que lo recuerda en cada jornada de la vida como el héroe que fue y aún es.

De raíces muy humildes supo ganarse el cariño de todo el pueblo por su jovialidad y desprendimiento natural, a pesar de haber sido uno de los jefes principales del Ejército Rebelde durante la Guerra de Liberación Nacional y llegar a desempeñar importantes responsabilidades militares tras el triunfo de la Revolución.

Y es que la principal virtud de Camilo era su don de combinar lo útil con lo bello aun en las situaciones más difíciles, de tener siempre una sonrisa a flor de labios, sonrisa que no debilitaría para nada la seriedad del momento y que le serviría de referencia permanente.

El Héroe de Yaguajay, el Señor de la Vanguardia o el Compañero de Cien Batallas –como lo calificara el Che–, fueron algunos de los calificativos que recibió como premio a su valor sin par.

Su personalidad caló con particular fortaleza entre los niños y se ha desbordado de generación en generación, tanto así que hoy, 54 años después, ellos son los primeros en lanzar flores a mares y ríos para que corran raudas hasta su lecho de vida –porque Camilo Cienfuegos no ha muerto– y le digan cuanto se le quiere y recuerda.

 

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