El colonialismo, la explotación y
el saqueo que durante siglos sometieron a los países de Latinoamérica y El
Caribe ya forman parte de una historia a la que se les está prohibido regresar,
pues lastró profundamente el desarrollo, la soberanía y la independencia de
esas naciones.
El daño fue tan abarcador que cubrió
desde la economía hasta la política, pasando por la religión, las costumbres,
el idioma, los sueños y las esperanzas de desarrollo obligándolos a conformarse
con producir solo aquello que le interesaba a las transnacionales e importar de
todo, aún las cosas que no necesitaban o que podían fabricarse en fronteras.
Así vieron cómo nacía la miseria
y se agotaban sus principales recursos naturales, sin que ello significara el
más mínimo progreso; mientras que la fuga de capitales marcaba un comercio
desigual que parecía no terminar jamás.
Bajo estas condiciones se fue
alimentando la conciencia de los pueblos latinoamericanos y caribeños, que
comenzaron a instrumentar alternativas de cooperación que frenaran el
descalabro al que eran abocados.
Surgen entonces importantes
proyectos como PETROCARIBE (Acuerdo de Cooperación Energética con el fin de
resolver las asimetrías en el acceso a los recursos energéticos); MERCOSUR
(Mercado Común del Sur creado para lograr el fortalecimiento del proceso de
integración en el continente); ALBA–TCP (Alianza Bolivariana para los Pueblos
de Nuestra América–Tratado de Comercio de los Pueblos); y CARICOM (Comunidad
del Caribe, un bloque regional creado para propiciar el desarrollo económico
del área).
Y precisamente este 8 de diciembre
se realiza en La Habana la V Cumbre Caricom–Cuba, en la que sus líderes
presentan estrategias que facilitan el avance en las relaciones entre los
pueblos, permiten la materialización de los programas de colaboración y dan
cumplimiento a la premisa integracionista que fundamenta la creación de esta
comunidad.
La construcción de la capacidad
de recuperación económica, del medio ambiente y tecnológica; la cooperación
funcional, el fortalecimiento de una política exterior coordinada y el impulso
de los programas de investigación e innovación son temas incluidos en la agenda
de esta reunión, considerada vital para alcanzar un crecimiento vertical en El
Caribe, que repercuta en el resto del continente y del mundo.
Los avances de la Caricom hoy confirman
el despertar de los pueblos frente a una pesadilla que consumía a una región
rica en recursos, talento y tradiciones a la pobreza, la dependencia, el
intercambio desigual y la pérdida de oportunidades.
El 8 de diciembre se instauró
como el “Día de Cuba y Caricom” por haberse producido en idéntica fecha, pero
de 1972, el establecimiento de las relaciones diplomáticas entre La Habana,
Barbados, Guyana, Jamaica y Trinidad y Tobago, otro motivo para convertir en
histórica la cita.
Hoy su membresía ha crecido y aparecen
como miembros plenos –además de los mencionados– Antigua y Barbuda, Bahamas,
Belice, Dominica, Granada, Haití, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, San
Vicente y las Granadinas y Surinam.

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