Millonario analfabetismo
Texto y foto Mikely Arencibia Pantoja
| Ningún niño cubano está excluido del sistema escolar |
Sobre mis manos descansa la triste noticia que anuncia la exclusión escolar de 123 millones de niños en el mundo. Es decir, de infantes que ya engrosan las listas del analfabetismo y la ignorancia, de pequeños que son víctimas de la desigual distribución de las riquezas y de la aplicación de políticas neoliberales.
No es fantasía ni números fríos. Son 123 millones de niños que cada año están fuera del sistema escolar y esa cifra delata muchas lagunas y ensancha aún más el abismo entre ricos y pobres.
Ninguno de ellos pertenece a Cuba, sin embargo esa satisfacción no puede invitarnos –como nunca lo ha hecho– a la indiferencia.
Y es por esa razón que seleccioné el tema para comentarlo, así tendrá acceso a nuevos elementos que lo ayudarán a establecer comparaciones válidas para apreciar en toda su magnitud el extraordinario esfuerzo que hace Cuba en materia de derechos humanos. Analicemos.
Solo en el África Subsahariana y en el Asia, dos de las regiones más azotadas por cuanto flagelo existe, se estiman en 46 millones los niños en edad escolar que no han pisado jamás un colegio. Es precisamente en estas zonas donde se concentran las tres cuartas partes de la población no escolarizada.
Pero de los 123 millones de pequeños que conforman el total de la desgracia, hay 2,5 millones que viven en países industrializados, o sea, que el mal no es exclusivo de naciones pobres, leña que atiza el fuego de la preocupación.
Por su parte, Haití es el país de América Latina que exhibe la peor situación al contar en la aulas nada más con el 57 por ciento de los menores en edad escolar, al tiempo que solo el 41 por ciento de ellos termina la educación primaria.
Ante tal panorama vale la pena preguntarse: ¿Qué se puede esperar de semejante realidad? ¿Dónde está la efectividad de los programas neoliberales? ¿Cuál será el futuro que le aguarda a estos pequeños?
Las respuestas son demasiado obvias y en ellas aparecerán, sin la menor duda, varios denominadores comunes: pobreza, prostitución y explotación infantiles, drogas, alcoholismo, delincuencia, mendicidad...
Ninguno sabrá qué es una computadora ni podrá apreciar una obra de arte; a su vez, tampoco conocerá el significado de la igualdad de oportunidades ni podrá tan siquiera soñar, porque a ellos los han privado de tantas cosas que hasta ese derecho tienen negado.
Ahora lo dejo con sus reflexiones al respecto. Valore y pese el sufrimiento de estas criaturas con la realidad cubana, donde no existe un solo niño fuera del sistema educacional y todas las escuelas poseen el equipamiento tecnológico y humano necesario. Luego dígame si vale o no la pena vivir en Cuba.
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