Contrasentido de una condena
Por Mikely Arencibia Pantoja
Jamás la humanidad experimentó contradicción tan grande como la surgida en 1998 tras la detención en la Florida de Gerardo Hernández, René González, Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Fernando González, todos Héroes de la República de Cuba.
El contrasentido aparece desde el momento en que es reconocida por las propias autoridades estadounidenses la labor de luchadores antiterroristas que ellos realizaban allí, desde donde alertaban tanto a la Mayor de las Antillas como al imperio acerca de actividades ilegales contra la Isla gestadas en suelo norteamericano y con repercusión negativa para ese país.
No obstante, de muy poco sirvieron los argumentos esgrimidos por los testigos de la defensa en un juicio prefabricado en beneficio de la mafia radicada en Miami, que desde el triunfo cubano de 1959 vive su peor insomnio: ver destruida a la Revolución Cubana y que sostienen actitudes viriles como la de estos jóvenes.
Así, bajo presión, amenaza y soborno los jueces renunciaron a toda ética, cordura y equidad, y sancionaron a los Cinco Héroes con injustas y largas.
Y a menos que la doble moral sea reconocida como un hecho cierto dentro de la Constitución norteamericana nadie sabe aún por qué están presos, pues resulta tristemente risible que la misma nación que le ha declarado la guerra al terrorismo mantenga recluidos y bajo pésimo trato a personas cuya conducta respondía a idéntico fin gubernamental.
En esencia, los únicos delitos confesos cometidos por Gerardo, René, Ramón, Antonio y Fernando es el de ser cubanos y el de lamentar no tener más que una vida para entregarla a su Patria. Y semejante postura no merece la ingratitud del castigo, sino el premio de la humanidad agradecida.

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