domingo, 21 de julio de 2013



La mejor riqueza


Por Mikely Arencibia Pantoja

“Era un hombre tan pobre que solo tenía dinero”. Hace poco leí esta frase y la lectura me llevó a realizar las siguientes reflexiones.

Por ejemplo, piense cuántas personas en este preciso instante son así de pobres, aunque de sus bolsillos goteen monedas.

La cuestión radica en que la pobreza, vista desde un prisma humano, nada tiene que ver con el dinero, sino que esta se relaciona con la actitud egoísta y solitaria que asumen algunos, como dijera Vinicius de Moraes, y cito:

“La mayor soledad es la del hombre encerrado en sí mismo, en el absoluto de sí, y que no da a quien pide lo que puede dar de amor, de amistad, de socorro. El mayor solitario es el que tiene miedo de amar, el que tiene miedo de herir y de herirse, el ser casto de mujer, de amigo, de pueblo, de mundo...”

Entonces, ese “hombre tan pobre que solo tiene dinero” está reflejado en la persona avara, que nada más tiene capacidad para pensar en el enriquecimiento propio y jamás se preocupa por sembrar y cultivar amistades; o en el hombre interesado, cuyo proceder mercantilista le impide dar algo a cambio de la palabra “gracias”. Se trata de gente que vive para sí, pero que, en esencia, no vive.

Sin dudas, la riqueza espiritual de las personas es la mejor fortuna, aunque sea imposible cuantificarla, guardarla en una cuenta bancaria o ganarle intereses financieros.

Dicha riqueza, esa que se gana en sociedad, compartiendo lo nuestro con los demás, siendo solidarios, caritativos, amables, preocupados, queriendo y dejándonos querer... nos proporciona sustanciosos dividendos.

Por mucho dinero que tengamos, nunca podremos comprar a un amigo en un mercado, como tampoco lograremos a base de dinero hacer que otra persona esté dispuesta a escucharnos en una situación de crisis, con el único interés de ayudarnos a ganarle la partida al mal momento.

Quien crea tenerlo todo porque le sobra el dinero, solamente tendrá a su alrededor a hombres y mujeres como él, que no son más que mercenarios de la vida.

Amigos y familia son cosas que jamás estarán en venta, y nada más serán alcanzables por quienes sepan alimentar con buenas acciones la dicha que significa vivir.

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