26 de Julio: tributo, jolgorio y reafirmación
Por Mikely
Arencibia Pantoja
El 26 de julio de 1953 fue para los cubanos la fecha
catalizadora de todo el movimiento revolucionario que se gestaba en la Isla y
sirvió como señal inequívoca de resolución ante los acuciantes problemas que
mantenían a este país bajo un manto de subdesarrollo, coloniaje, servidumbre y
dependencia de los Estados Unidos.
Ese día fueron asaltados los cuarteles Moncada y Carlos
Manuel de Céspedes, ubicados en Santiago de Cuba y Bayamo –provincia de
Granma–, respectivamente, dos de las fortalezas militares más poderosas de la
dictadura de Fulgencio Batista, quien fuera el último presidente de la época
prerrevolucionaria.
Desde entonces ese día es para los cubanos una fecha de
tributo, jolgorio y reafirmación. Una jornada que se incorporó por derecho
propio a las tradiciones familiares y políticas de un pueblo que le debe su
independencia, en buena medida, a la acción gestada entonces.
La operación la comandó Fidel Castro
y en ella participaron cientos de jóvenes, muchos de los cuales cayeron
heroicamente en combate y otros tantos resultaron detenidos. Sin embargo,
aunque no se logró el cometido final, el hecho devino duro golpe para el
gobierno de turno.
Después llegarían momentos trascendentales en las luchas
por la independencia de Cuba: el encarcelamiento de los moncadistas, “La
Historia me Absolverá”, el destierro de los asaltantes hacia México, el
desembarco del Granma en 1957 y, dos años más tarde, el anhelado triunfo de la Revolución.
El 26 de Julio es singular efemérides donde convergen el
dolor por las vidas cercenadas y la alegría por lo necesaria que resultó en la
maduración de las ideas libertarias.
No es fecha bañada solamente por el discurso político
que, si bien le es inherente, este deja espacio para reuniones familiares,
actividades socio–culturales y convites que sirven para la remembranza y el
esparcimiento.

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