jueves, 20 de noviembre de 2014

POR FAVOR



Pedir un favor puede parecer algo bien fácil, principalmente para algunas personas demasiado desenvueltas; sin embargo, no todo el mundo sabe pedirlos y eso se evidencia con bastante frecuencia.

Por ejemplo, lo he sufrido en carne propia mientras camino y alguien, desconocido por demás, me asalta con tono imperativo: “Puro, ponme con el tiempo”.

Entonces, como uno conoce ese tipo de jerga, comprende enseguida que el susodicho lo que quiere es saber la hora y cumple su voluntad. Y ahí mismo termina el cuento, porque ya las gracias pasaron de época, como también se esfumaron el “usted sería tan amable”, “disculpe que lo moleste”, “con permiso”...

Pero bueno, volviendo al tema que nos ocupa, estoy seguro que se habrá percatado de que ya casi nadie encabeza una solicitud con ese término, o sea, ya son pocos los que comienza la oración de pedido con el siempre bien recibido “por favor”.

Los que así obran intentan respaldar su omisión tras la manera desenfadada que suele caracterizar al cubano y tras esa familiaridad que lo identifica. No obstante –como dice el refrán– “lo cortés no quita lo valiente” y uno puede ser amistoso, familiar, solidario, hospitalario o caritativo, que ninguna de esas virtudes son justificativas de la mala educación.

Pedir limosna con escopeta ha devenido práctica habitual para determinados individuos que no saben deslindar entre una obligación y un favor, y vuelvo a los ejemplos.

Hoy, con la naturalidad más grande del mundo, cualquier desconocido se le puede parar delante y ordenarle comprar cigarros, marcar en una cola o guardar un asiento en el ómnibus, sin necesidad de utilizar tan siquiera una vez la expresión “por favor”.

Sin dudas, el problema se llama “mala educación” y ninguna relación guarda con esa peculiar manera de ser que tiene el cubano.

Entonces, como ocurre con otras tantas torceduras de la conducta,  corresponde a la familia –en primera instancia–, a la escuela, al barrio y al resto de la sociedad con toda su infraestructura organizacional, corregir el rumbo y rescatar la frase de marras devenida importante carta de triunfo a través de todas las generaciones precedentes.

domingo, 6 de julio de 2014

Saber escuchar



Por Mikely Arencibia Pantoja


“Un buen oyente no solo es popular en todas partes, sino que después de un tiempo llega a ser famoso”, reza un antiquísimo axioma refiriéndose a lo útil que resulta saber escuchar.


Hace tiempo observo el comportamiento de determinadas personas mientras otras intentan conversar con ellas y me he percatado que no siempre los receptores prestan la atención debida; y como imagino que es algo que debe estar tan globalizado como el desarrollo tecnológico quiero invitarlo a reflexionar.

Esta especie de “presente–ausente” unas veces solo tiene en su mente la idea que a él le interesa transmitir y permanece a la caza de la menor pausa para dar su opinión, y otras simula escuchar, pero su pensamiento está posado en cuestiones ajenas al tema en cuestión.

Estoy seguro que usted sabe de qué hablo, como también estoy convencido de que en algún momento ha sufrido semejante falta de atención.

Pero, aunque existen conversaciones que son pura hojarasca, que no interesan ni motivan, hay receptores que asumen actitudes que pudieran eliminarse, como mirar reiteradamente el reloj o bostezar mientras intentan comunicarles algo.

Y no hablo solo de pura educación formal, sino de los beneficios que reporta saber escuchar.

Por ejemplo, está demostrado científicamente que las personas hablan entre cien y doscientas palabras por minuto, a su vez, el cerebro que escucha puede procesar esas palabras más rápidamente, por lo que si usted sabe escuchar tendrá más tiempo para analizar el mensaje que recibe y sacarle mayor beneficio a las ideas, sentimientos, emociones y proyectos que le transmiten.

En reiteradas oportunidades uno también puede percibir si lo que le dicen es cierto, falso o si esconde dobles intenciones solo con mirarle a los ojos a quien le habla y escucharlo con la mente no con los oídos.

Ahora bien, además de lo anterior, usted debe tener presente que si hace lo contrario dejará entrever muchos lados flacos de su formación y educación.

Entre ellos, puede dar la idea de que subestima la opinión ajena, que se cree dueño absoluto de la verdad, que es reacio a recibir consejos o que deviene obstáculo para la libre expresión, aunque, reitero, lo más lamentable siempre será la riqueza que dejará de asimilar por no saber escuchar.


 

martes, 4 de marzo de 2014

Chávez, en todo y en todos


Chávez, en todo y en todos 

Por Mikely Arencibia Pantoja

Parece que fue ayer y ya pasaron doce meses de la desaparición física de Chávez. O mejor, parece que no fue nunca y quizás por eso luce incierto el hecho, porque un líder de semejantes quilates jamás se marcha.


No obstante, la noticia llegó con el sabor más amargo que pudiera imaginarse, porque ni aún lo esperado del suceso debido a su enfermedad mató las esperanzas en quienes rogábamos por su salud.



Y sí, lo reconozco, fuimos y somos ignorantes a conciencia cuando nos resistimos ante la realidad, cuando hoy –un año después– todavía lo vemos convertido en niño, en pueblo, en América; cuando su imagen ondea en banderas multicolores y cuando su espíritu de luchador incansable desnuda la mentira que se empeña en destruir la Venezuela actual y viste de confianza a quienes no se dejan confundir.

Carismático sin par, orador por naturaleza, justo como pocos, eterno soñador y rebelde con causa… así fue y es Chávez.

Los cerros lo conocieron en total magnitud cuando apostó por cambiarle la vida a su gente; se propuso extraer de la oscuridad a millones y lo consiguió; enseñó a escribir, a ver, a leer y a soñar; hizo que regresara el deseo de vivir a una Venezuela que ya no era dueña ni de su identidad.

Tejió con hilos de oro la Alternativa Bolivariana para las Américas y exportó hermandad y unidad sin límites. Contagió a los latinoamericanos con su proyecto de una sola Patria y fue bautizado como el nuevo Libertador.

Entonces el tiempo es nada frente a la huella indeleble de un inmortal que siempre estará ahí, en todo y en todos.

 


 

 

 


domingo, 29 de diciembre de 2013




Colorido fin de año


Pocas horas nos separan del último adiós al 2013, otro año que puso a prueba nuestra capacidad e inteligencia en la búsqueda de alternativas económicas y sociales que le inyecten al país el desarrollo que necesita.

Aquí cada persona se creció en medio de las dificultades cotidianas, las que nunca lograron borrar la sonrisa y la nobleza que nos caracteriza y nos hace diferentes al resto de los mortales.

El pinareño, el cubano, protesta, luce inconforme, lo discute casi todo porque cree saber de casi todo… pero con ese mismo ímpetu desfila un Primero de Mayo, acude a las urnas a respaldar el proceso revolucionario de la Isla, confía en sus dirigentes y apuesta diariamente por un futuro mejor.

Y esa amalgama de virtudes y defectos se concentra a finales de diciembre, cuando las calles de mi provincia se llenan de personas que salen, cual ejército de hormigas, a buscar provisiones para esperar el inicio del nuevo año; una tradición que se mantiene en esta tierra.

¡Ah!, y no importa si no encuentran lo que quieren. Primero protestarán, luego hallarán una alternativa y finalmente terminarán conformándose con la idea de saber que hay gente peor. Así somos y así seremos.

Se trata de una idiosincrasia sin par, del propio temperamento que nos ha servido de escudo contra todos los entuertos propinados por una difícil realidad cuyas malformaciones nacieron –y aún se alimentan– de la envidia que sienten los Estados Unidos al saber que solo a noventa millas un pueblo pequeño crece libre y rebelde.

En Cuba cada cual busca la mejor manera, casi siempre modesta, de que el fin de año no pase inadvertido, de recibir el 2014 en familia, algo sagrado para nosotros.

Entonces, sea bienvenida esa colorida multitud que adorna las calles de mi linda tierra.

miércoles, 25 de diciembre de 2013




La gran diferencia   


El pequeño Luis no tendrá cena refinada este fin de año, como tampoco la tuvo el anterior ni jamás la ha tenido. Nada de vinos de marca, cócteles, mesa buffet, conversaciones entre hombres de negocios, invitados con vestidos millonarios...

Y allí, donde pudiera estar un arbolito de Navidad descansarán algunos libros, un viejo farol y su juguete preferido: un caballito rústico hecho con recortes de madera.

Durante la última noche del 2013 solo la risa, como siempre, se escurrirá entre las montañas y llegará bien lejos, ayudada por el silencio sepulcral de la apartada región montañosa donde él vive junto a sus padres. Y en ese risueño concierto, el pequeño Luis se llevará el gran premio a la carcajada más feliz, porque él es un niño privilegiado.

Su felicidad nada tiene que ver con juguetes movidos por control remoto, muñecos que hablan o lloran, piscinas artificiales, tenis de marca... u otros tantos objetos inanimados, que de la misma forma que llenan armarios vacían almas, pues el regocijo de Luis –como el de todos los infantes cubanos– brota en la libertad con que corre, juega y va a la escuela sin temor a que algún compañerito saque un arma de fuego y le dispare o lo obligue a comprar y oler la maldita droga.

Hoy, mientras violencia, terrorismo, explotación infantil, guerra, prostitución y robo de menores son hechos consumados y repetidos en muchos países, el pequeño Luis tumba naranjas, se desliza en una yagua, se baña en el río, monta a caballo, ayuda a ordeñar la vaca y aprende las lecciones en una escuelita donde él es el único alumno y, pese a ello, ya tiene corriente eléctrica, televisor, vídeo y computadora.

Lo que sucede, sin dudas, es que él no es un niño sin niño como los cientos que mueren, padecen o matan cada segundo. Él, a pesar de cualquier modestia con que viva, ¡vive!, y ese privilegio es la gran diferencia.

martes, 10 de diciembre de 2013


Ricos y pobres: eterno abismo

Por Mikely Arencibia Pantoja


 


La mala distribución de las riquezas a nivel mundial ha estado a través de los siglos entre los principales problemas que lastran el desarrollo homogéneo de países y poblaciones.

Al respecto un estudio realizado por expertos de las Naciones Unidas, sacó a la luz que más de la mitad de las riquezas del planeta están en manos solo del dos por ciento de los hombres de mayores fortunas del mundo.

Con esto se ratifica el dato de que es en Norteamérica, principalmente en los Estados Unidos, donde radica el porcentaje más alto de millonarios (34 por ciento), mientras que en un claro contraste aparece Latinoamérica con el cuatro por ciento, pese a su tamaño y población.

Este abismo se explica fácilmente en la despiadada colonización y el descomunal saqueo que “adornan” la historia latinoamericana, región que sirvió y aún sirve como abastecedora de bienes que terminan, cual círculo vicioso, en las cuentas de los mismos ricos de siempre.

Así, esa escueta clase privilegiada es la que suele fungir como dueña de las grandes transnacionales y de los consorcios que, asentados en los países en desarrollo donde la mano de obra es barata, son los responsables de las principales fugas de capital y exportaciones forzadas de recursos.

Y, por consiguiente, el resultado es más de lo mismo; es decir, los ricos cada vez son más ricos a costa de los pobres que, obligados por la necesidad, son exprimidos y ven esfumarse de sus naciones las principales fuentes naturales, energéticas, financieras…

No en balde entre las primeras medidas adoptadas por los gobiernos de izquierda que tienen las riendas de países como Ecuador, Bolivia y Venezuela, está la nacionalización de aquellas industrias y empresas de peso capital en la identidad y crecimiento de estas naciones, y que hasta entonces sus ganancias cruzaban las fronteras.

En el caso particular de Venezuela vale recordar que es uno de los de mayores reservas de petróleo del mundo y, sin embargo, antes del ascenso de Hugo Rafael Chávez al poder, aparecía entre los territorios más pobres de la Tierra. ¿A dónde iban a parar los dividendos del llamado “oro negro”? Sencillo: a las arcas de ese mismo dos por ciento que cuenta con más de la mitad de la riqueza global.

Lo peor es que la fortuna de estas personas corre idéntica suerte que una bola de nieve lanzada desde una pendiente. Su crecimiento luce indetenible, al menos que las revoluciones sociales continúen su expansión y poco a poco sean cortadas las fuentes que alimentan semejante disparidad. 

domingo, 27 de octubre de 2013



Camilo de todos

Por Mikely Arencibia Pantoja



Cada 28 de octubre los ríos y mares cubanos se cubren de flores que salen en busca de un carismático y leal hombre de pueblo: Camilo Cienfuegos.

Físicamente desapareció en 1959 cuando el avión en que viajaba desde Camagüey hacia La Habana se precipitó sin dejar rastro alguno, mas su espíritu de luchador incansable está diseminado por los rincones de la Isla, fundido entre la gente que lo recuerda en cada jornada de la vida como el héroe que fue y aún es.

De raíces muy humildes supo ganarse el cariño de todo el pueblo por su jovialidad y desprendimiento natural, a pesar de haber sido uno de los jefes principales del Ejército Rebelde durante la Guerra de Liberación Nacional y llegar a desempeñar importantes responsabilidades militares tras el triunfo de la Revolución.

Y es que la principal virtud de Camilo era su don de combinar lo útil con lo bello aun en las situaciones más difíciles, de tener siempre una sonrisa a flor de labios, sonrisa que no debilitaría para nada la seriedad del momento y que le serviría de referencia permanente.

El Héroe de Yaguajay, el Señor de la Vanguardia o el Compañero de Cien Batallas –como lo calificara el Che–, fueron algunos de los calificativos que recibió como premio a su valor sin par.

Su personalidad caló con particular fortaleza entre los niños y se ha desbordado de generación en generación, tanto así que hoy, 54 años después, ellos son los primeros en lanzar flores a mares y ríos para que corran raudas hasta su lecho de vida –porque Camilo Cienfuegos no ha muerto– y le digan cuanto se le quiere y recuerda.

 

domingo, 13 de octubre de 2013



La pobreza del libre comercio

Por Mikely Arencibia Pantoja



Una receta supuestamente ideal es vendida hace años con bombos y platillos. Se trata del libre comercio entre las naciones, una opción que en la práctica solo demuestra desigualdad de intercambio y agudiza aún más la pobreza.

Y a pesar de que los hambrientos no se pueden alimentar con estadísticas, vale recordar solo una cifra: de seguir las tendencias actuales, muy pronto habrá más de 2 000 millones de pobres en el mundo tratando de sobrevivir. Entonces cabrá preguntarse qué sucedió con todos los programas diseñados para combatir el flagelo.

El problema radica, entre otras cosas, en que mientras los países ricos asuman la pobreza como una ley natural les faltará voluntad política para encarar la dura realidad, al tiempo que las naciones subdesarrolladas seguirán financiando el derroche y la opulencia de las desarrolladas.

A propósito, los especialistas en el tema coinciden en señalar que la mayoría de los estados que adoptaron políticas de libre comercio terminaron con menos participación en el comercio mundial de la que tenían antes de instrumentar esas prácticas. Hecho contradictorio a juzgar por lo que proclaman sus defensores.

¿Pero quiénes figuran en la lista de los paladines del libre comercio?

El Banco Mundial encabeza la relación y a él le siguen el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio, precisamente las mismas instituciones que debían promover políticas comerciales adecuadas acorde con los postulados que les dieron origen.

Sin embargo, ellas obran a favor de la minoría pudiente y, en consecuencia, les imponen el libre comercio a los países pobres como condicionantes para brindarles ayuda financiera y van más allá, pues también los amenazan con perder su visto bueno si se niegan a adoptarlas. Así arrastran hacia el patíbulo a economías enteras y las obligan a librar una pelea desigual e injusta.

En el caso del continente americano los titulares de esas instituciones aseguran que tal postura trae y promueve las inversiones en toda la región, al tiempo que contribuye a combatir el hambre y permite la aceleración del desarrollo al facilitar el acceso al mercado estadounidense, que es la mayor plaza del orbe.

No obstante, hasta el momento la realidad ha sacado a la palestra algo bien distinto, que puede explicarse como incremento de las diferencias en la región y mayor enriquecimiento de los grandes capitales internacionales, junto al fortalecimiento de la posición de los EE.UU. en el mundo.

En la pasada década la pobreza extrema creció en 28 millones de personas, hecho que subrayó el fracaso de un comercio que no tiene nada de libre y de cuantos proyectos se han encubado con el respaldo de los países poderosos que son, en definitiva, los que dominan el planeta y, a la vez, lo mantienen a la deriva.

En tanto, yo comparto el pensamiento del francés Franklin Loaiza, quien considera que el libre comercio es, simplemente, “una treta más para demostrar que EE.UU. tiene el control absoluto”.