Condena al pie del sufrimiento
El 6 de octubre de 1976 pudo ser un día de fiesta si los hombres que sirven de lobo al propio hombre no hubieran teñido de sangre las aguas de Barbados. Entonces, devino jornada de lágrimas enjugadas en patriotismo, mucho patriotismo.
Terroristas pagados por la CIA hicieron estallar, en pleno vuelo, a un avión con 73 almas inocentes –53 de ellas cubanas–.
El mundo convulsionó frente a tan vandálico hecho. Un pueblo entero lloró a sus muertos y, al pie del sufrimiento, condenó para siempre la masacre y juró venganza. La humanidad secundó la enérgica y viril repulsa.
El 6 de octubre de 1976 pudo ser un día de jolgorio nacional si la copa de la CIA no hubiese brindado por el imperdonable crimen, por el exterminio salvaje que revolvió la conciencia de quienes no se encandilan con el verde enmohecido del dólar mojado en sangre.
Sin embargo, este no es un día de festín sino una fecha donde convergen odio y valor, donde se juntan manos para apuntar hacia el norte de las Américas en señal de protesta; donde la vida renace del dolor y se empina bien alto, porque lejos de morir los hombres y mujeres que regresaban a la Patria aquel 6 de octubre llegaron a suelo cubano y desde aquí construyen el porvenir y fertilizan los sueños.

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